

STAES:
Soluciones Tecnológicas Adaptadas a las necesidades de las entidades de la Economía Social
Un proyecto de La Xixa para acercar la inteligencia artificial ética y responsable a las entidades de la economía social.
Las herramientas STAES son asistentes de inteligencia artificial diseñados para apoyar a entidades de la economía social en la gestión de proyectos, la administración de las entidades, la creación de actividades y la comunicación inclusiva. Han sido desarrolladas por La Xixa Teatre con un enfoque ético, accesible y orientado a necesidades reales del sector, en el marco del proyecto STAES con el apoyo del Ministerio de Trabajo y Economía Social.
Utiliza gratis las herramientas STAES
STAES es un proyecto innovador que acompaña a las entidades de la economía social en la transformación de sus formas de diseñar y gestionar proyectos. El proyecto pone la tecnología al servicio de la inclusión, la sostenibilidad y el fortalecimiento de los procesos colectivos.
B
Ética y transparencia
Inteligencia artificial con garantías de privacidad y responsabilidad social.
C
Colaboración en red
Un proyecto co-diseñado junto a entidades de varios sectores e instituciones.
D
Compromiso con la igualdad
Integración de la perspectiva de género y reducción de estereotipos en todas las fases.

E
Accesibilidad e inclusión
Garantizar que todas las entidades, también las de menor tamaño o en territorios rurales, puedan acceder a soluciones digitales adaptadas
Contexto: La IA y el Sector de la Economía Social
En tiempos recientes, la inteligencia artificial ha mostrado un gran potencial para transformar el sector social, siempre que se diseñe e implemente con criterios de equidad. Según una nota en Stanford HAI, cerca del 50% de las organizaciones sin ánimo de lucro han comenzado a usar tecnologías de IA en tareas operativas como finanzas o comunicación, e incluso en su misión principal, lo que evidencia un apetito real por integrar la IA en el trabajo social (Stanford HAI, 2024).
Además, investigaciones muestran que una IA bien orientada puede cerrar brechas de datos, reducir sesgos y aumentar la efectividad de las organizaciones sin ánimo de lucro (nonprofits) únicamente si se conjuga con una infraestructura robusta, inversiones en capacidades organizativas y una clara preocupación por la equidad (Fitzsimmons, 2024, Stanford Social Innovation Review). Por tanto, el reto no es solo tecnológico, también es un reto estructural y ético.
Desde una mirada crítica más amplia, se alerta de que la IA actual corre el riesgo de profundizar desigualdades si su desarrollo queda concentrado en manos de grandes corporaciones tecnológicas. Esta tendencia puede derivar en una privatización de servicios públicos, vigilancia y pérdida de democracia, lo que demanda respuestas desde la economía social y una gobernanza responsable (El País, 2025; Stanford HAI, 2025).
Asimismo, existe consenso sobre la necesidad de marcos éticos globalmente aceptados. La UNESCO aprobó en 2021 la primera recomendación normativa sobre ética de la IA, orientada a garantizar que estas tecnologías respeten los derechos humanos, fomenten la equidad e integren la sostenibilidad, la diversidad cultural y la perspectiva de género (UNESCO, 2021).
El proyecto STAES, en este contexto, cobra relevancia como una iniciativa que articula tecnología, ética y justicia social de manera coherente. STAES tiene como objetivo desarrollar chatbots de IA centrados en las necesidades de las entidades de la economía social, un sector que históricamente ha quedado al margen del desarrollo tecnológico. El proyecto ofrece una oportunidad realista para incorporar herramientas digitales que no solo faciliten la gestión de proyectos, sino que lo hagan desde principios de inclusión, transparencia y participación colectiva.
STAES se alinea con la visión de una IA “para el bien común” (AI4SG), impulsando la reconstrucción del tejido social desde el sector de la economía social. Busca empoderar a las propias organizaciones para que utilicen y co-construyan tecnología, en lugar de ser meras receptoras de soluciones externas, contribuyendo así a cerrar brechas no solo tecnológicas, sino de autonomía y gobernanza democrática (Akula & Garibay, 2021; UNESCO, 2021).

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